Nudismo y Aguas Termales en Japón

Los onsen, o aguas termales japonesas, forman parte de una antigua tradición vinculada con la salud, la cultura, la hospitalidad y la convivencia. Para los visitantes extranjeros, disfrutar de un onsen puede ser una experiencia muy especial, pero también puede resultar difícil debido a numerosas normas y costumbres que muchas veces no están explicadas de manera explícita.
La autora del artículo, nacida en Japón, pero criada durante gran parte de su vida adulta en Estados Unidos, redescubrió los onsen al regresar a su país. Al principio, incluso ella se sintió incómoda al bañarse desnuda junto a desconocidos. Su interés por comprender esta tradición la llevó a convertirse en sommelier de onsen certificada y a recorrer más de 3.000 kilómetros por Japón en busca de los establecimientos más destacados.
Japón posee más de 25.000 fuentes naturales de aguas termales. Legalmente, para ser considerado onsen, el agua debe surgir del subsuelo a una temperatura mínima de 25 °C o contener determinadas cantidades de alguno de los 19 minerales o componentes establecidos por la legislación. Las aguas también se clasifican según su pH y sus características minerales. Existen baños públicos económicos, algunos gratuitos, y pueblos enteros dedicados a las aguas termales, con alojamientos tradicionales llamados ryokan.
Una de las particularidades de los ryokan es la importancia de la puntualidad. El horario de llegada, las comidas, los baños y la salida suele estar estrictamente organizado. Esto responde al concepto japonés de omotenashi, entendido como una hospitalidad cuidadosa y minuciosa. El personal necesita conocer los horarios para preparar adecuadamente las habitaciones, servir los alimentos en el momento indicado y mantener los baños en perfectas condiciones. Por ello, lo que a un extranjero puede parecerle excesivamente rígido tiene como finalidad ofrecer un servicio impecable.
Desnudez y baños mixtos
El baño desnudo es una tradición japonesa muy antigua. Durante siglos, la desnudez comunitaria fue considerada normal y también existieron baños mixtos. A partir de la década de 1870, las concepciones occidentales sobre la moralidad provocaron la prohibición de los baños mixtos en Japón, aunque algunas tradiciones sobrevivieron en zonas rurales.
Actualmente, la mayoría de los onsen están separados para hombres y mujeres. Sin embargo, todavía existen algunos baños mixtos, conocidos como konyoku, en los que pueden utilizarse prendas especiales o toallas. Esta tradición se mantiene especialmente en determinados lugares relacionados con el toji, una práctica en la que las personas permanecían durante largos períodos en un destino termal buscando los beneficios de sus aguas.
Un ejemplo es Amagase Onsen, en Kyushu, donde existe un baño al aire libre junto al río que conserva una tradición de más de 1.300 años. Otro ejemplo es Sukayu Onsen, en Aomori, famoso por su enorme baño mixto. Allí se resumen las normas fundamentales en tres principios: hombres y mujeres no deben mirarse indiscretamente y todos deben disfrutar del baño con respeto y armonía, independientemente de la edad o el género.
El problema de los tatuajes
Los tatuajes constituyen otra cuestión importante para los extranjeros. La razón de muchas prohibiciones se relaciona con la historia de la Yakuza, ya que durante mucho tiempo los tatuajes estuvieron asociados con el crimen organizado. Aunque esa relación ya no representa necesariamente la realidad actual, muchos japoneses, especialmente de generaciones mayores, continúan asociándolos con la Yakuza
Por este motivo, algunos onsen siguen prohibiendo la entrada a personas tatuadas, mientras que otros se han vuelto más tolerantes. Los visitantes con tatuajes pueden buscar establecimientos que los acepten, consultar previamente con el alojamiento o utilizar baños privados. También pueden existir soluciones como cubrir tatuajes pequeños con vendajes impermeables.
Las normas no escritas
En los onsen existen numerosas reglas que no siempre aparecen en carteles. Antes de entrar al agua es imprescindible lavarse y enjuagarse cuidadosamente en las duchas. Esto se hace para mantener limpia el agua que compartirán todos los usuarios. Después, los cubos, taburetes y demás accesorios deben dejarse nuevamente en su lugar.
La toalla nunca debe introducirse en el agua y el cabello largo debe mantenerse fuera de ella. También es importante utilizar correctamente el calzado y respetar las zonas donde debe permanecer. En general, los japoneses suelen evitar corregir directamente a los visitantes que desconocen estas normas; esperan que observen el comportamiento de los demás y aprendan de él.
Otra regla fundamental consiste en “leer el ambiente”. Algunos onsen son lugares tranquilos donde las personas buscan relajarse y meditar, mientras que otros pueden tener un ambiente más alegre y conversado. Lo importante es adaptarse al entorno, evitar salpicar o hacer ruido excesivo y respetar la tranquilidad de los demás. La esencia de estas costumbres no está solamente en obedecer reglas, sino en mantener la armonía y el respeto entre quienes comparten el baño.
Tres experiencias termales destacadas
La autora recomienda tres experiencias particularmente singulares. Shin Tamagawa, en Akita, posee aguas extremadamente ácidas, con un pH de 1,2. Se aconseja comenzar con agua diluida y limitar los baños a períodos muy cortos. El artículo destaca sus propiedades relacionadas con la piel y el alivio de molestias nerviosas y articulares.
En Hanayama Onsen, en Wakayama, el agua, rica en hierro, calcio y sulfatos, forma durante la noche una fina costra sobre la superficie. Los visitantes que llegan temprano pueden romperla suavemente antes de entrar al baño. Estas aguas son presentadas como beneficiosas para la circulación, la fatiga, la sensibilidad al frío y determinadas afecciones cutáneas. También Shichirida Onsen, en Oita, ofrece aguas naturalmente carbonatadas. Las pequeñas burbujas de dióxido de carbono cubren el cuerpo y producen una sensación particular. Debido a la elevada concentración de gas, el establecimiento necesita una buena ventilación. El artículo atribuye a estas aguas beneficios sobre la circulación, el metabolismo y la fatiga.
En conclusión, los onsen representan mucho más que un simple lugar para bañarse. Son una expresión de la cultura japonesa basada en la limpieza, el respeto, la tranquilidad, la armonía y la hospitalidad. Para los extranjeros, conocer y respetar sus normas permite disfrutar plenamente de una tradición que los japoneses consideran un verdadero regalo de la naturaleza. La recomendación fundamental de la autora es sencilla: observar los carteles, prestar atención al ambiente, respetar a los demás y comprender que cada gesto forma parte de una experiencia cultural compartida.
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