¿Lucy Desnuda?
Lo que el fósil de Lucy revela sobre la desnudez y la vergüenza. Las
representaciones populares de Lucy tienden a cubrirla con un espeso pelaje
marrón rojizo.

Hace 50 años, los científicos descubrieron un cráneo fosilizado casi
completo y cientos de piezas óseas de un espécimen femenino de 3,2 millones
de años a menudo descrito como «la madre de todos nosotros”. Durante una
celebración posterior a su descubrimiento, se le dio el nombre de Lucy, por
la canción de los Beatles Lucy in the Sky with Diamonds.
Aunque Lucy ha resuelto algunos enigmas evolutivos, su aspecto sigue siendo
un secreto ancestral. Las simulaciones más populares la cubren con un espeso
pelaje marrón rojizo, que cubre todo excepto la cara, las manos, los pies y
los pechos. Sin embargo, esta imagen peluda de Lucy podría ser errónea.
Recientes avances en la tecnología usada para el análisis genético sugieren
que Lucy podría haber estado prácticamente desnuda. En concreto, según la
historia coevolutiva de los humanos y sus piojos, nuestros antepasados
inmediatos habrían perdido la mayor parte de su pelaje corporal hace entre 3
y 4 millones de años, aunque no se vistieron hasta hace entre 83.000 y
170.000 años.
Esto significa que, durante más de 2,5 millones de años, los primeros
humanos y sus antepasados estuvieron, simplemente, desnudos. Y la forma en
que Lucy ha sido representada en periódicos, libros de texto y museos puede
revelar más sobre nosotros que lo que dice realmente sobre ella.
De la Desnudez a la Vergüenza
La pérdida de vello corporal en los primeros humanos se debió,
probablemente, a una combinación de varios factores. Entre ellos, la
termorregulación, el retraso en el desarrollo fisiológico, la atracción de
parejas sexuales y la protección contra los parásitos. Es posible que
factores ambientales, sociales y culturales favorecieran, más tarde, la
adopción de la indumentaria.
Ambas áreas de investigación –cuándo y por qué los homínidos se despojaron
del vello corporal, pero también cuándo y por qué acabaron vistiéndose–
hacen hincapié en el enorme tamaño del cerebro, que tarda años en crecer y
requiere una cantidad desproporcionada de energía para mantenerse en
comparación con otras partes del cuerpo.
Dado que los bebés necesitan un largo periodo de cuidados antes de poder
sobrevivir por sí solos, los investigadores interdisciplinarios de la
evolución han teorizado que los primeros humanos adoptaron la estrategia de
la vinculación por parejas: un hombre y una mujer se asocian después de
crear una fuerte afinidad el uno por el otro. Al trabajar juntos, los dos
pueden gestionar más fácilmente años de cuidado parental.
Sin embargo, la formación de parejas conlleva riesgos. Como los humanos son
sociables y viven en grandes grupos, es inevitable que sientan la tentación
de romper el pacto de monogamia, lo que dificultaría la crianza de los
hijos.
Se necesitaba algún mecanismo para asegurar el pacto social-sexual. Ese
mecanismo fue, probablemente, la vergüenza: “El cuerpo humano es un anuncio
sexual supremo… La desnudez es una amenaza para el contrato social básico,
porque es una invitación a la deserción… La vergüenza nos anima a permanecer
fieles a nuestras parejas y a compartir la responsabilidad de criar a
nuestros hijos».
Límites entre el Cuerpo y el Mundo
Los humanos, descritos acertadamente como “simios desnudos”, son únicos por
su falta de pelaje y la adopción sistemática de la vestimenta. Sólo mediante
la prohibición de la desnudez se hizo realidad la desnudez.
A medida que se desarrollaba la civilización humana, debieron establecerse
medidas para hacer cumplir el contrato social –penas punitivas, leyes,
dictados sociales– especialmente con respecto a las mujeres. Así nació la
relación de la vergüenza con la desnudez humana. Estar desnudo supone
quebrantar las normas y reglamentos sociales. Por lo tanto, nos hace sentir
vergüenza.
Sin embargo, lo que se considera desnudo en un contexto puede no serlo en
otro. Los tobillos desnudos, por ejemplo, provocaban escándalo en la
Inglaterra victoriana. Hoy en día, los tops desnudos en una playa
mediterránea francesa son normales.
En materia de desnudez, el arte no imita necesariamente a la vida. En su
crítica de la tradición europea de la pintura al óleo, el crítico de arte
John Berger distingue entre la desnudez –ser uno mismo sin ropa– y «el
desnudo», una forma de arte que transforma el cuerpo desnudo de una mujer en
un espectáculo placentero para los hombres.
Críticas feministas como Ruth Barcan complicaron la distinción de Berger
entre desnudez y desnudo, insistiendo en que la desnudez ya está moldeada
por representaciones idealizadas.
En “Nudity: A Cultural Anatomy”, Barcan demuestra que la desnudez no es un
estado neutro, sino que está cargada de significados y expectativas.
Describe la «sensación de desnudez» como «la percepción intensificada de la
temperatura y el movimiento del aire, la pérdida del límite familiar entre
el cuerpo y el mundo, así como los efectos de la mirada real de los demás» o
«la mirada interiorizada de un otro imaginado».
La desnudez puede provocar toda una gama de sentimientos, desde el erotismo
y la intimidad hasta la vulnerabilidad, el miedo y la vergüenza. Pero no
existe la desnudez fuera de las normas sociales y las prácticas culturales.
La búsqueda moderna para visualizar a nuestros antepasados lejanos ha sido
criticada como una especie de «ciencia fantástica erótica», en la que los
científicos intentan rellenar los espacios en blanco del pasado basándose en
sus propias suposiciones sobre las mujeres, los hombres y cómo se
relacionaban.
En un artículo de 2021 titulado Visual Depictions of Our Evolutionary Past,
un equipo interdisciplinario de investigadores intentó un enfoque diferente.
Detallaron su propia reconstrucción del fósil de Lucy, poniendo de relieve
sus métodos, la relación entre arte y ciencia y las decisiones tomadas para
completar las lagunas del conocimiento científico.
Su proceso contrasta con otras reconstrucciones de homínidos, que a menudo
carecen de sólidas justificaciones empíricas y perpetúan ideas erróneas
misóginas y racializadas sobre la evolución humana.
Uno de los coautores de Visual Depictions, el escultor Gabriel Viñas, ofrece
una aclaración visual de la reconstrucción de Lucy en «Santa Lucía»: una
escultura de mármol de Lucy como una figura desnuda envuelta en una tela
translúcida, que representa las propias incertidumbres del artista y la
misteriosa apariencia de Lucy.
La Lucy velada habla de las complejas relaciones entre la desnudez, la
cobertura, el sexo y la vergüenza. Pero también presenta a Lucy como una
virgen con velo, una figura venerada por su «pureza» sexual.
Stacy Keltner, Chair of the
Department of Interdisciplinary Studies and Professor of Philosophy,
Kennesaw State University
Fuente consultada:
https://theobjective.com/sociedad/ciencia/2024-06-24/fosil-lucy-desnudez-verguenza/ |