Nudismo Retro
El Anarquismo Español
por Álvaro Corazón Rural
En su libro, El naturismo libertario español (1900-1936), Ma. Carmen
Cubero Izquierdo estudia la importancia de la ideología anarquista en la
aparición del naturismo en general y el nudismo en particular en la España
de principios del siglo XX y su auge en los años veinte y treinta.

Este libro recoge que la prensa hablaba de los nudistas en términos de
«salvajes» y «primitivistas». Ortega y Gasset tachó esta actividad como una
actitud «infantil», entre las risas de los presentes a una de sus
conferencia. Gran parte de la prensa se echó encima de los que se
desvestían.
Sin embargo, algunos periodistas defendieron el desnudismo manifestando que
la «inquietud sexual» era una enfermedad y que no había otra forma de acabar
con ella que el desnudismo. «El desnudo absoluto es casto», «El vestido es
la causa, el origen de la inquietud sexual, hoy aguda enfermedad del alma.
Con el vestido, el individuo toma para sí lo que no es suyo, imagina,
fantasea, dibuja, siempre fuera de la realidad».
Estos movimientos, originados en Alemania habían puesto en estado de
histeria a los sectores conservadores de la sociedad. Durante el siglo XIX,
con la revolución industrial, fueron surgiendo tendencias higienistas que
pretendían «regenerar» a la especie humana, la cual entendían que estaba
amenazada por el avance de la industrialización. La vida moderna era
«artificial». Ellos proponían dietas vegetarianas, baños de sol al aire
libre y alejarse de las ciudades, y sus antros oscuros llenos de humo!
En España, sin embargo, los ideales naturistas fueron recogidos por la
izquierda y muy en particular por el discurso cultural del anarquismo,
explica la historiadora. Aquellos españoles no se desnudaban por la patria,
sino por la emancipación. La desnudez simbolizaba la liberación del cuerpo y
el rechazo a «un sistema de valores obsoleto e hipócrita». Se despreciaba la
vida urbana de hacinamiento e insalubridad…
La fecha de llegada «oficial» del naturismo a España fue la fundación en
Madrid de la Sociedad Vegetariana Española en 1903. Y en 1915 apareció en
Valencia la revista Helios, que comenzó a difundir todas estas ideas. Una de
sus actividades, el excursionismo, sirvió a los grupos políticos para
confraternizar y, también, durante el régimen de Primo de Rivera, para
preparar acciones de protesta y ocultarse. Tal y como relata la autora, para
sectores anarquistas antes que preocuparse por este tipo de actividades
alternativas o contraculturales, había que realizar la revolución social y
económica. El naturismo, según algunos anarquistas, era un pretexto para que
un hombre estableciera e impusiera nuevas leyes creadas por él, por muy
alternativas que fueran. Un articulista escribió: «Nosotros, los naturistas
anarquistas, no queremos hacer la revolución con repollos y otras hortalizas
como algunos camaradas nos echan en cara (…) la revolución no se hará
comiendo alcachofas, pero tampoco bebiendo alcohol».
Con la llegada de la II República creció el fenómeno aún más y su eco en la
prensa. Hubo secuestros de publicaciones, encarcelamientos y multas. Una
represión que no solo la ejercía el Gobierno y las autoridades, sino también
grupos de fascistas. Pero en esta época el debate ya no solo se trataba de
la liberación simbólica del cuerpo. También entraban en liza la liberación
sexual y el amor libre. Explica la autora: Los defensores de la liberación
sexual y el amor libre denunciaban esa hipocresía manifiesta que existía
dentro de una sociedad fuertemente arraigada a las costumbres católicas que
reprimían el cuerpo y todos sus impulsos, así como también se criticaba
insistentemente la doble moral y los prejuicios que aún permanecían cegando
a los seres humanos, impidiéndoles emanciparse y rodeando el cuerpo y el
sexo de un halo de obsesión casi neurótica.
En general, para los anarquistas españoles fue un ejercicio de afirmación,
de liberación, puesto que la ropa para ellos no era más que otro «marcador
clasista». Entendían desnudarse como una muestra de sinceridad y forma de
relacionarse con la naturaleza más estrecha y auténtica.
Si bien todos los españoles no se sumaron en tropel a la nueva moda, sí lo
hicieron al «semi-desnudismo». Las playas de aquellos años empezaron a
llenarse de maillots. La prensa dio cuenta de cómo se multiplicaron de un
año a otro y admitieron que ya nada podía hacerse para dar marcha atrás.
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